Escena, Secuencia y Plano-secuencia
Ejercicio de Montaje donde se muestra una misma escena realizada como plano secuencia, y luego como una escena montada.
Tipos de Planos
Los EFECTOS ESPECIALES dan una mayor naturalidad a las secuencias, sobretodo cuando aparece en la escena el objeto o sujeto que los provoca (puertas abriéndose y cerrándose, coches acelerando, caídas de objetos, rotura de cristales, etc.)
Hay otros efectos que se oyen aunque no sea visible su causa (ruido de lluvia, motor de un avión, ruido de pasos, etc.)
En estas páginas podrías conseguir sonidos para mezclar en el proceso de montaje.
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Puede ser interesante añadir MÚSICA cuando la veas necesaria para destacar una acción dramática, sentimental, cómica...
Narrativa audiovisual
ADAPTANDO UN GUION DE CINE
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Un guion es una historia escrita para ser contada en imágenes. En el cine, los diálogos están para contar solo lo que no se puede contar a través de las imágenes. Antes de escribir la primera secuencia debes conocer con detalle el argumento que vas a contar (el del texto del Conde Lucanor). Para ello es bueno escribir previamente un brevísimo resumen o story line y una breve sinopsis donde estén claros los puntos de giro, los puntos donde la historia cambia de rumbo.
Un guion de cine se divide en secuencias. Cuando cambia el espacio, el tiempo o los personajes, cambiamos de secuencia. En cada secuencia, tanto si se compone de un solo plano o de varios) debemos buscar un un contexto en el que se encadenen los planos de la secuencia (una batalla, una carrera...: un acontecimiento); y sobre ese escenario ensartamos el contenido, o detalles necesarios para construir la historia, a través del movimiento, gestos, acciones de nuestros personajes.
Es importante tener presente que el guion es una descripción de situaciones, personajes y comportamientos; y además, sólo sirve aquel guion que se puede poner en escena: por lo tanto todo lo que se escribe se tiene que poder interpretar.
Las secuencias de un guion tienen una estructura prefijada a seguir.
Tomemos un ejemplo:
SEC. 1. / INT APOSENTOS CONDE – DÍA
CONDE LUCANOR sentado en su escritorio. Hablando solo. Mostrando signos de inquietud. Finalmente se levanta y se aproxima a Petronio, quien está leyendo.
CONDE LUCANOR:
Está bien... está bien... ¿Qué habré de hacer ahora? Malo si lo hago, malo si no lo hago... si lo hago mal, peor. No hay mal que por bien no venga... pero bien mal las lenguas...
Levantando PETRONIO los ojos de su lectura
PETRONIO:
Según aprecio, algo parece turbar vuestro reposo, mi señor conde...
CONDE LUCANOR:
Os referiré mis cuitas, fiel Petronio. Sea por hallar consuelo en compartirlas o, por ventura, consejo en vuestras palabras.
Lo primero que se anota es el número de las secuencias, ordenado de todo el conjunto (<
Los diálogos van precedidos por el nombre en mayúsculas del personaje que habla, y se sitúan en el centro de la página, con márgenes mas amplios que el resto del texto, tanto a la derecha como a izquierda
Las acotaciones , que marcan los gestos o los movimientos de los personajes, son lineas de margen a margen, y nunca demasiado extenas.
Cada vez que hay un cambio en el espacio o en el tiempo (porque hay un corte, o los personajes salen al exterior, o pasamos de la noche al día), comienza una nueva secuencia
En cuanto a la extensión, una secuencia puede tener páginas y páginas en una conversación animada entre varios personajes, o tener una sola imagen, sin intervenciones habladas, que se defina con apenas dos líneas.
CONSEJOS PARA UN BUEN DIÁLOGO.
Un guionista no puede escribir un diálogo como le venga en gana. Cada personaje debe reflejar en sus frases sus sentimientos, sus motivaciones y su registro. Deben de tenerse en cuenta las jergas y las formas coloquiales de expresión.
Dos personajes que no se parecen en nada no pueden hablar y expresarse de la misma forma. Si se ha hecho una buena construcción del personaje y se han planteado bien las relaciones entre ellos, el diálogo también estará influido por quién es la persona con quién un personaje dialoga. No hablará igual si está con su jefe que si está con su novia. No hablará igual si está triste o feliz.
RESUMEN
- Cuando escribas un guion cinematográfico o adaptado d euna obra literaria, individual o colectivamente, planifica de manera ordenada la elaboración de un story line, una sinopsis y las distintas secuencias argumentales.
- El guion sigue las mismas pautas que el relato literario. de una idea principal se desprende un argumento con planteamiento, nudo y desenlace. Los puntos de giro marcan los cambios de rumbo de la historia.
- Para aprovechar al máximo la fuerza de la imagen, describe con detalle los gestos y movimientos de los personajes.
- Los diálogos no deben reiterar lo que el espectador está viendo: Cuentan las historias invisibles que se sienten y viven los personajes que habitan en la pantalla.
- La disposición de los elementos descriptivos y textos dialogados en el papel debe ajustarse a las convenciones acordadas para la escritura de guiones.
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Extraído de
PÁEZ, ENRIQUE (2003) Escribir: Manual de Técnicas narativas . Madrid. S/M. $42. p.266-271
Puedes encontrar más información en
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La siguiente actividad relacionará el mundo del celuloide con el de la celulosa.
Partiremos de un cuento del Libro del Conde Lucanor y lo adaptaremos a guión de cine para, finalmente, convertirlo en película.
La actividad está dirigida a alumnos de nivel del 1º de Bachillerato. Quedará dividida en cuatro sesiones, organizadas de la siguiente manera:
1ª Sesión
Acercamiento al contenido del programa.
Elaboración de grupos de 6 ó 7 alumnos.
Reparto de textos: Ejemplos del Libro del Conde Lucanor
Lectura en grupo y resolución de dudas.
2ª Sesión
Elaboración grupal de un guión de cine a partir del texto. División en escenas
Puesta en común de ideas para traer materiales para la escenografía en la siguiente sesión
3ª Sesión
Nociones sobre narrativa cinematográfica: tipos de planos
Grabación
Nociones de uso del programa de edición de vídeo por defecto para el montaje
Iniciación al montaje y acabado en casa
4ª Sesión
Visionado y comentario
INTRODUCCIÓN
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El conde Lucanor es, en su mayor parte, un libro de exempla o cuentos moralizantes escrito entre 1330 y 1335 por el infante Don Juan Manuel.
Es considerada la obra cumbre de la narrativa en prosa del siglo XIV de la literatura española, su título completo y original en castellano medieval es Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio (Libro de los ejemplos del conde Lucanor y de Patronio).
El libro está compuesto por cinco partes, la más conocida de las cuales incluye 51 cuentos (algunos de ellos de una página o dos, o más) tomados de varias fuentes, como Esopo y otros clásicos, así como cuentos tradicionales árabes.
El propósito didáctico y moral es la marca del libro. El conde Lucanor empieza la conversación con su consejero Patronio planteándole un problema y solicita consejo para resolverlo. Patronio siempre responde con gran humildad, asegurando no ser necesario dar consejo a una persona tan ilustre como el conde, pero ofreciéndose a contarle una historia de la que este podrá extraer una enseñanza para resolver su problema. Los cuentos son exempla, género asentado en la tradición literaria medieval.
Cada capítulo termina más o menos de la misma forma, con pequeñas variaciones: «Et entendiendo don Johan que estos exiemplos eran muy buenos, fízolos escribir en este libro, et fizo estos viesos en que se pone la sentençia de los exiemplos. Et los viessos dizen assí».
El libro se cierra con un pareado que condensa la moraleja de la historia.
Podéis mira más información en Información sobre El Conde Lucanor
Para acceder al texto entero, tenéis la web del Instituto Cervantes
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CUERPO DE LA ACTIVIDAD
TEXTO
Ejemplo II
Lo que sucedió a un hombre bueno con su hijo
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Otra vez, hablando el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, le dijo que estaba muy preocupado por algo que quería hacer, pues, si acaso lo hiciera, muchas personas encontrarían motivo para criticárselo; pero, si dejara de hacerlo, creía él mismo que también se lo podrían censurar con razón. Contó a Patronio de qué se trataba y le rogó que le aconsejase en este asunto.
-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, ciertamente sé que encontraréis a muchos que podrían aconsejaros mejor que yo y, como Dios os hizo de buen entendimiento, mi consejo no os hará mucha falta; pero, como me lo habéis pedido, os diré lo que pienso de este asunto. Señor Conde Lucanor -continuó Patronio-, me gustaría mucho que pensarais en la historia de lo que ocurrió a un hombre bueno con su hijo.
El conde le pidió que le contase lo que les había pasado, y así dijo Patronio:
-Señor, sucedió que un buen hombre tenía un hijo que, aunque de pocos años, era de muy fino entendimiento. Cada vez que el padre quería hacer alguna cosa, el hijo le señalaba todos sus inconvenientes y, como hay pocas cosas que no los tengan, de esta manera le impedía llevar acabo algunos proyectos que eran buenos para su hacienda. Vos, señor conde, habéis de saber que, cuanto más agudo entendimiento tienen los jóvenes, más inclinados están a confundirse en sus negocios, pues saben cómo comenzarlos, pero no saben cómo los han de terminar, y así se equivocan con gran daño para ellos, si no hay quien los guíe. Pues bien, aquel mozo, por la sutileza de entendimiento y, al mismo tiempo, por su poca experiencia, abrumaba a su padre en muchas cosas de las que hacía. Y cuando el padre hubo soportado largo tiempo este género de vida con su hijo, que le molestaba constantemente con sus observaciones, acordó actuar como os contaré para evitar más perjuicios a su hacienda, por las cosas que no podía hacer y, sobre todo, para aconsejar y mostrar a su hijo cómo debía obrar en futuras empresas.
»Este buen hombre y su hijo eran labradores y vivían cerca de una villa. Un día de mercado dijo el padre que irían los dos allí para comprar algunas cosas que necesitaban, y acordaron llevar una bestia para traer la carga. Y camino del mercado, yendo los dos a pie y la bestia sin carga alguna, se encontraron con unos hombres que ya volvían. Cuando, después de los saludos habituales, se separaron unos de otros, los que volvían empezaron a decir entre ellos que no les parecían muy juiciosos ni el padre ni el hijo, pues los dos caminaban a pie mientras la bestia iba sin peso alguno. El buen hombre, al oírlo, preguntó a su hijo qué le parecía lo que habían dicho aquellos hombres, contestándole el hijo que era verdad, porque, al ir el animal sin carga, no era muy sensato que ellos dos fueran a pie. Entonces el padre mandó a su hijo que subiese en la cabalgadura.
»Así continuaron su camino hasta que se encontraron con otros hombres, los cuales, cuando se hubieron alejado un poco, empezaron a comentar la equivocación del padre, que, siendo anciano y viejo, iba a pie, mientras el mozo, que podría caminar sin fatigarse, iba a lomos del animal. De nuevo preguntó el buen hombre a su hijo qué pensaba sobre lo que habían dicho, y este le contestó que parecían tener razón. Entonces el padre mandó a su hijo bajar de la bestia y se acomodó él sobre el animal.
»Al poco rato se encontraron con otros que criticaron la dureza del padre, pues él, que estaba acostumbrado a los más duros trabajos, iba cabalgando, mientras que el joven, que aún no estaba acostumbrado a las fatigas, iba a pie. Entonces preguntó aquel buen hombre a su hijo qué le parecía lo que decían estos otros, replicándole el hijo que, en su opinión, decían la verdad. Inmediatamente el padre mandó a su hijo subir con él en la cabalgadura para que ninguno caminase a pie.
»Y yendo así los dos, se encontraron con otros hombres, que comenzaron a decir que la bestia que montaban era tan flaca y tan débil que apenas podía soportar su peso, y que estaba muy mal que los dos fueran montados en ella. El buen hombre preguntó otra vez a su hijo qué le parecía lo que habían dicho aquellos, contestándole el joven que, a su juicio, decían la verdad. Entonces el padre se dirigió al hijo con estas palabras:
»-Hijo mío, como recordarás, cuando salimos de nuestra casa, íbamos los dos a pie y la bestia sin carga, y tú decías que te parecía bien hacer así el camino. Pero después nos encontramos con unos hombres que nos dijeron que aquello no tenía sentido, y te mandé subir al animal, mientras que yo iba a pie. Y tú dijiste que eso sí estaba bien. Después encontramos otro grupo de personas, que dijeron que esto último no estaba bien, y por ello te mandé bajar y yo subí, y tú también pensaste que esto era lo mejor. Como nos encontramos con otros que dijeron que aquello estaba mal, yo te mandé subir conmigo en la bestia, y a ti te pareció que era mejor ir los dos montados. Pero ahora estos últimos dicen que no está bien que los dos vayamos montados en esta única bestia, y a ti también te parece verdad lo que dicen. Y como todo ha sucedido así, quiero que me digas cómo podemos hacerlo para no ser criticados de las gentes: pues íbamos los dos a pie, y nos criticaron; luego también nos criticaron, cuando tú ibas a caballo y yo a pie; volvieron a censurarnos por ir yo a caballo y tú a pie, y ahora que vamos los dos montados también nos lo critican. He hecho todo esto para enseñarte cómo llevar en adelante tus asuntos, pues alguna de aquellas monturas teníamos que hacer y, habiendo hecho todas, siempre nos han criticado. Por eso debes estar seguro de que nunca harás algo que todos aprueben, pues si haces alguna cosa buena, los malos y quienes no saquen provecho de ella te criticarán; por el contrario, si es mala, los buenos, que aman el bien, no podrán aprobar ni dar por buena esa mala acción. Por eso, si quieres hacer lo mejor y más conveniente, haz lo que creas que más te beneficia y no dejes de hacerlo por temor al qué dirán, a menos que sea algo malo, pues es cierto que la mayoría de las veces la gente habla de las cosas a su antojo, sin pararse a pensar en lo más conveniente.
»Y a vos, Conde Lucanor, pues me pedís consejo para eso que deseáis hacer, temiendo que os critiquen por ello y que igualmente os critiquen si no lo hacéis, yo os recomiendo que, antes de comenzarlo, miréis el daño o provecho que os puede causar, que no os confiéis sólo a vuestro juicio y que no os dejéis engañar por la fuerza de vuestro deseo, sino que os dejéis aconsejar por quienes sean inteligentes, leales y capaces de guardar un secreto. Pero, si no encontráis tal consejero, no debéis precipitaros nunca en lo que hayáis de hacer y dejad que pasen al menos un día y una noche, si son cosas que pueden posponerse. Si seguís estas recomendaciones en todos vuestros asuntos y después los encontráis útiles y provechosos para vos, os aconsejo que nunca dejéis de hacerlos por miedo a las críticas de la gente.
El consejo de Patronio le pareció bueno al conde, que obró según él y le fue muy provechoso.
Y, cuando don Juan escuchó esta historia, la mandó poner en este libro e hizo estos versos que dicen así y que encierran toda la moraleja:
Por críticas de gentes, mientras que no hagáis mal,
buscad vuestro provecho y no os dejéis llevar.
FIN